Educar es proporcionar cartas náuticas y brújulas para navegar en un mundo en continua agitación (Delors 1996).
La orientación, tal y como argumenta Suárez (2011), implica un proceso de aprendizaje y maduración personal, donde las cartas de navegación y las brújulas son los instrumentos que metafóricamente necesita el alumnado para moverse en una realidad donde los caminos no son tan claros como pudiera parecer tras una explicación teórica o la interpretación de un organigrama, sino más bien laberintos con múltiples posibilidades y variadas rutas.
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